¿Un nuevo Mayo francés?

Francia vuelve a discutir en las calles lo que su dirigencia parece incapaz de resolver en las instituciones. Las protestas, las detenciones y las denuncias de represión plantean una pregunta que desborda sus fronteras. ¿Cuánto puede soportar una sociedad cuando el futuro empieza a parecerse a una amenaza?

Analisis editorial

En mayo de 1968, una rebelión estudiantil contra el autoritarismo universitario y las convenciones sociales confluyó con una huelga obrera que paralizó Francia. Estudiantes y trabajadores ocuparon universidades y fábricas. Cuestionaron al gobierno de Charles de Gaulle y las jerarquías de una sociedad que parecía inconmovible. Daniel Cohn-Bendit, Jacques Sauvageot y Alain Geismar fueron referentes juveniles de aquel movimiento sin conducción única.

«La imaginación al poder» fue su consigna emblemática. Expresaba la voluntad de disputar los límites de lo posible, de rechazar que el orden existente fuera el único horizonte imaginable.

Jean-Paul Sartre acompañó esa rebelión. En su diálogo con Cohn-Bendit, publicado el 20 de mayo, planteó el dilema. «El problema sigue siendo el mismo: ajustes o revolución». Su pregunta apuntaba al alcance de las transformaciones. ¿Bastaba corregir el funcionamiento del sistema o era necesario cambiar sus fundamentos?

Las diferencias históricas impiden anunciar una repetición. Pero existe un parentesco. Cuando estudiar deja de garantizar un horizonte, el trabajo pierde seguridad y los servicios públicos se deterioran, el malestar se convierte en una experiencia compartida de injusticia.

La violencia merece condena. Las denuncias de abuso policial exigen investigación. Ninguna democracia puede sustituir la representación por la fuerza.

Desde la Argentina, estas imágenes deberían interpelarnos. Debilitar la educación, la salud y el trabajo destruye los vínculos comunitarios.

¿Un nuevo Mayo francés? Todavía no podemos saberlo. Pero aquella consigna conserva su potencia. La imaginación al poder significa también recuperar la capacidad política de construir un futuro que merezca ser vivido. Ningún equilibrio fiscal puede reemplazar esa esperanza.